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Propuesta Educativa Izan. Educar en ser persona
Dirigida a padres, madres, maestros/as y a cualquier persona con inquietudes sobre la vida, la convivencia, la educación y el impulso de nuevos valores sociales. También a cualquier profesional relacionado con el trato humano: psicología, pedagogía, educación social, dinamización de trabajo en equipo, en grupos, empresas, asociaciones... Interrogantes de partidaSi una persona tiene que enseñar a otra matemáticas, lenguaje, un oficio o un deporte, nos imaginamos, poco más o menos, qué tiene que saber para hacerlo. Tendrá que estudiar e interiorizar los contenidos ya reglados de esas disciplinas para entenderlos y transmitirlos. Sin embargo, la respuesta se vuelve más indeterminada si nos preguntamos ¿qué tenemos que saber para educar en ser persona? ¿Qué hay que estudiar para educar para la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la reconciliación, el respeto, la igualdad... o para el diálogo, la colaboración, la generosidad, el trabajo en equipo… o para afrontar la dificultad, la soledad, el sufrimiento, la muerte, el sentido de la vida, la amistad, la paternidad, el amor…? La respuesta no está clara; pero la pregunta afecta a un ámbito educativo y vital que, cuando menos, parece relevante. Es cierto que hay una oferta, tan amplia como dispersa, de materiales didácticos para trasladar específicamente algunos de estos objetivos a los/as escolares. En todo caso, la pregunta que nos hacemos no es ¿con qué materiales contamos para aleccionar puntualmente en unos u otros objetivos? sino ¿cómo se forma el formador? Más concretamente: ¿cómo se educa el/la educador/a que tiene la intuición de que educar en ser persona es, si no la más importante, una de las prioridades educativas indiscutibles? Debe advertirse en este punto que cuando hablamos de educadores no nos estamos refiriendo exclusivamente a los/as profesionales del magisterio y de la educación en cualquiera de sus campos. La perspectiva es más amplia. El asunto nos concierne a casi todos porque, en uno u otro momento y en una faceta o en otra, a todos nos toca actuar como educadores. Nos toca, lógicamente, por oficio, si somos maestros o maestras; nos toca por instinto y vocación si somos padres o madres que quieren que su hijo/a haga suya la importancia de vivir éticamente. O si somos sus abuelos, abuelas o incluso hermanos, hermanas, tíos o tías. Nos toca si nuestra profesión tiene que ver con la medula de lo humano: psicología, pedagogía, trabajo o educación social… Nos toca también si tenemos responsabilidades en grupos y equipos de trabajo, empresa o asociación. Y nos toca si formamos parte de una entidad social que propone a su comunidad educarse en otros valores. En definitiva, educadores son quienes participan en las interacciones de la escuela, la familia y la sociedad con vocación de mejorar. Pero es que además la pregunta ¿cómo educar en ser persona? se tropieza inevitablemente con una previa que le antecede: ¿cómo me educo yo en ser persona? Difícilmente seré un agente educativo si antes no he vivido esa experiencia de aprendizaje. Hay más aún, porque la materia a la que nos referimos no es cualquier cosa. No es que yo deba educarme en ser persona porque funcionalmente lo necesito para educar a terceros. Es que ser persona, aprender a ser persona, es el reto en el que yo mismo/a me juego mi vida. Vivir razonablemente feliz tiene que ver con ser capaz de encajar la propia existencia en las limitaciones y posibilidades que nos ofrece ese traje: ser persona. |