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Este proyecto se asienta fundamentalmente en dos bases o puntos de partida: el diagnóstico sobre la realidad en que se encuentran los menores inmigrantes no acompañados y la experiencia acumulada de los programas de acogimiento familiar, sobre todo una vez que estos han finalizado. ·El diagnóstico sobre la realidad de estos menores. El esfuerzo institucional de medios humanos y materiales que se realiza para acoger y atender a los menores inmigrantes no acompañados es enorme. Sin embargo, la constatación de su realidad y la complejidad del fenómeno nos lleva a concluir que es necesario seguir pensando en nuevas medidas que complementen y mejoren el esfuerzo que ya se realiza. En la situación actual disponen de un centro de acogida, unos monitores y unos servicios de apoyo y seguimiento diario. El principal déficit se encuentra en la dificultad para articular una mejor integración en el contexto local en que se encuentran domiciliados. No disponen, normalmente, de un contacto real con el contexto social en que viven; les falta conexión con jóvenes autóctonos de su edad, habitualmente están rodeados únicamente de otros menores en iguales circunstancias; carecen de referencias familiares; en algunos casos no encuentran una suficiente contención de sus impulsos; y en ocasiones se producen conflictos más o menos graves o situaciones de incomprensión e incluso rechazo con la población local. En este contexto, tratar de complementar y reforzar lo que ya se está haciendo es un propósito plenamente justificado. ·La experiencia acumulada de los programas de acogimiento familiar. Son más de quince años ya de experiencia práctica y concreta de los programas de acogimiento familiar con un balance en general positivo. Ésta es una base de conocimiento que se puede y debe aprovechar en la búsqueda de alternativas a este nuevo fenómeno de desamparo de menores. De toda esta experiencia hay un elemento que puede ayudarnos especialmente a entrever la eventual eficacia de la creación de la figura de tíos/as de acogida. Se trata del papel que juegan las familias acogedoras una vez que el periodo de acogimiento del menor ha finalizado, bien porque se ha producido la vuelta a la familia biológica, o a un centro, o bien por emancipación u otras razones. En estos casos, en algunas ocasiones, la familia que ha sido temporalmente acogedora, se transforma espontánea y voluntariamente en una familia de acompañamiento, referencia o apoyo para ese menor que ha convivido temporalmente con ellos. Se convierten en algo así como sus tíos/as. Cuando esto ocurre, normalmente, los resultados son mejores. El menor cuenta con más apoyo, con más afectividad, con más referencias, con más opciones, con más contención, con más cauces de integración social y con más posibilidades de estructurar su vida de una manera constructiva. Es, en base a esta experiencia práctica, y no sólo a una especulación o conjetura teórica, en la que se sustenta la propuesta del Proyecto Izeba.
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