23 Sep 2009 |
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Escrito por Jonan Fernández el 23 de septiembre de 2009. Acabo de llegar a Arantzazu después de pasar una semana en Kigali, (Ruanda). He ofrecido allí los dos primeros cursos del programa que Baketik imparte aquí. Allí, han participado 50 monitores comunitarios nacionales de Ruanda, Burundi, Uganda y República Democrática del Congo que trabajan por la reconciliación en la región de los Grandes Lagos. Están integrados en una red que se llama “Familia franciscana de los Grandes Lagos”. El curso ha ido muy bien. Para nosotros era muy importante comprobar si las propuestas y reflexiones que ofrecemos aquí en medio de Europa y del llamado primer mundo, tenían alguna utilidad en medio de África y en un contexto mucho más complejo. El resultado ha sido muy bueno. La evaluación que los asistentes han hecho de los dos cursos ha estado muy por encima de lo que esperábamos. Esto ha sido una gran alegría para mí y para todos/as los que trabajamos en Baketik. Estos días además me han permitido ver escenas, expresiones, miradas, acciones conversaciones o situaciones emocionantes y conmovedoras, de esas que te golpean con fuerza el corazón. Hasta aquí las alegrías. Uno puede quedarse con todo esto y columpiarse en la vanidad de tener la oportunidad de vivir una experiencia como esta. Puede taparse los ojos y no querer ver o sentir nada más. Es una tentación muy poderosa. Pero si se quiere ver, mirar y sentir un poco más allá, la experiencia ya no sólo es conmovedora, sino movedora, como lo es un movimiento sísmico, que pone a prueba los cimientos, estructuras y esquemas que sustentan o apuntalan la edificación de nuestra vida. Si tengo que ser sincero, tengo que reconocer que a mí África me ha dejado en pelotas. En pelotas, en el sentido más literal de la palabra en el de desnudarme. Me ha desnudado despojando de los ropajes accesorios y justificatorios las contradicciones que tratamos de ocultarnos. Ves la vida y ves tu vida desde otra perspectiva geográfica, sociológica, humana, económica, vital… Ves lo que aquí no quieres ver, la cara oculta de nuestra luna particular. ¿Cuánto tiene nuestra solidaridad de gratuidad y cuánto de vanidad y de erótica de poder del rico con el pobre? ¿Cuál es la medida humana del desarrollo y del progreso? ¿Qué sentido tiene nuestro modelo de vida y nuestro derroche? ¡Qué insignificancia la de algunos de nuestros problemas y conflictos vistos a la luz de la injusticia que padece cualquier hermano o hermana africana! La lista de interrogantes y exclamaciones podría ser interminable. Supongo que África puede ser visitada y vivida de muchas maneras. Mi experiencia es que si uno se desprotege ideológica y vitalmente, si se entrega sin miedo a aquella realidad, y si, sobre todo, es capaz de liberarse del narcisismo y de la erótica de la solidaridad, necesariamente, África te desnuda de lo accesorio y te deja en pelotas con lo esencial… para que tú te las apañes con tus contradicciones. Si te desproteges, África te desnuda. |
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