Centro por la paz. Elaboración ética de conflictos
Cuál es su filosofía

El soporte teórico del Centro por la paz de Arantzazu se expone en un libro en el que se detallan todas las reflexiones en las que se asienta su actividad divulgativa. A continuación se ofrece en cinco puntos un resumen de las reflexiones en las que se centra la actividad divulgativa de Baketik.

·La paz. Es el objetivo primordial al que se orienta su actividad. Partimos de un concepto amplio de paz. No se refiere únicamente a la ausencia de guerra o de violencia, también a la capacidad de manejar los conflictos, ya sean los más personales y familiares o los más sociales, políticos o internacionales, de un modo no destructivo. La paz es como una estrella, una referencia siempre inalcanzable en su plenitud, pero que alumbra la oscuridad humana para hacer una humanidad mejor. Esa paz inaccesible en su máxima expresión es, a pesar de todo, el compendio de múltiples factores. La tesis de la que partimos es que no existe una paz “entera”, sino que la paz está compuesta de “trozos” de paz y de “trozos” de justicia que son los que nos permiten vivir cada vez más cerca o más lejos de esa referencia que es la utopía de la paz plena. Nuestra mayor o menor capacidad de abordar ética y constructivamente los conflictos es el medio con que contamos cada uno/a de nosotros/as para sumar o restar “trozos” de paz y “trozos” de justicia al bien común de la paz.

·El conflicto. Es la herramienta más importante con la que cuenta el ser humano –siendo como es radicalmente limitado– para crecer y mejorar. Es un factor permanente, e inherente a nuestra existencia. Sin conflicto no hay sociedad ni relaciones humanas. Es una escuela de la vida. Un conflicto es “la contraposición de necesidades, objetivos, intereses o percepciones entre dos o más partes”. Cuestiona la verdad particular o sectaria en la que nos sentimos seguros y nos invita a buscar verdades más amplias. No obstante, esta invitación puede ser aceptada o rechazada porque podemos reaccionar encerrándonos en nuestra verdad privada (el dogmatismo, la imposición, la violencia...) o abriéndonos a la posibilidad de una verdad más compartida (el diálogo, la empatía, el acuerdo...). Nuestra capacidad de convivir, de ser humanos y la vida misma se ponen en juego en los conflictos porque éstos nos abren la puerta a lo mejor o a lo peor de nosotros mismos y de nuestra propia condición. El conflicto no es algo necesariamente negativo, es potencialmente positivo. El problema no es el conflicto, sino desde qué bases lo afrontamos, cómo lo acogemos y de qué forma lo elaboramos.

·La clave ética. Es el principal desafío al que nos enfrentan los conflictos. La ética es “el esfuerzo por responder a las exigencias que plantea la defensa de la dignidad humana”. No perder el respeto a esa dignidad, a pesar de la adversidad del conflicto, es lo que nos permite no dejar de ser humanos. Podemos afrontar una contienda desde las bases de un conflicto destructivo o desde bases éticas. Podemos considerar que nuestra causa tiene un valor absoluto, o que éste se encuentra en la dignidad humana; creer que el fin justifica los medios o que es la ética la que justifica fines y medios; tener el objetivo de vencer y derrotar o el de convencer y acordar; comprometernos con el “ojo por ojo” o con el “codo con codo”; pensar que el método es la imposición o el diálogo; ver a nuestro oponente como enemigo o semejante; y optar entre victimismo o pluralismo.

El afrontamiento de un conflicto requiere una revisión consciente y personal de estas bases porque la elección de unas u otras lo condiciona todo. Baketik situará esta revisión ética como el fundamento primero del tratamiento de conflictos, entendiendo que la ética no es un traje hecho a la medida de nuestra conveniencia, sino un marco de discernimiento al que sometemos nuestros actos y decisiones.

·Acogida de conflictos. Es la recepción personal que el conflicto encuentra en cada persona. Cómo nos adherimos a él, cómo lo miramos, cómo lo relatamos, qué significa en nuestra vida. Dónde estoy yo en ese conflicto. Además de proponer unas bases éticas, estamos planteando como siguiente paso la necesidad de reflexionar sobre el conflicto en primera persona. Es decir, analizar la mirada que cada uno tiene del mismo.

Nuestra forma de mirar, acoger y situarnos en el conflicto puede ser parte del mismo y, por eso, el conflicto no se elabora sin conflicto con uno mismo y con el nosotros en que nos sentimos representados. Mi recepción del conflicto es defensiva y agresiva o comprensiva y abierta; lo que despierta en mí es ira o paciencia; relato el problema desde el prejuicio unilateral o desde la complejidad multilateral; mi intención es imponer y vengar o hablar y arreglar; mi proyección de la solución es rígida o flexible... Éstas son algunas de las interpelaciones que nos plantea cualquier disputa grave. La acogida de conflictos representa por ello un imprescindible trabajo personal hacia adentro de uno mismo que tiene incidencia directa en el desarrollo y desenlace de una contienda.

·La elaboración de conflictos. Es el trabajo hacia afuera en interrelación con los otros. Podemos elaborar los conflictos de tres maneras: de forma reactiva y violenta, o pasiva y sumisa, o proactiva y ética. La voluntad de hacerlo éticamente nos enfrentará al menos a cuatro dilemas básicos: “facilitar o agravar”, “incluir o excluir”, “cooperar o competir” e “insistir o desistir”.

En conflictos que no tienen alternativa a la lucha porque no hay una expectativa razonable de arreglo o porque se sostiene una grave injusticia mediante una imposición inflexible, la elaboración de conflictos, para no deslizarse a la utilización de medios no éticos, requiere como criterio básico separar los hechos de las personas –máxima firmeza frente a las injusticias, respeto inequívoco ante la persona– y la determinación de insistir con medios éticos, con cabeza, con audacia y con intensidad (“Insistencialismo ético”).

En todo caso, el presupuesto imprescindible de la elaboración de conflictos es la escucha. Sin escucha no hay comunicación ni diálogo, no hay inclusión ni cooperación, y no hay comprensión del problema ni posibilidad de arreglo compartido. La escucha nos permite ponernos en el lugar del otro y entender sus circunstancias, su sufrimiento o sus verdaderas necesidades. Es la clave para identificar lo que nos une frente a lo que nos divide como método para superar el bloqueo y buscar acuerdos.
Estas cinco bases componen resumidamente la propuesta que hace Baketik. Son de aplicación tanto para alguien que es parte de un conflicto, como para quien sea tercera parte y quiera ayudar a mediar en el mismo. Sirven también para las distintas fases de un conflicto: para la prevención en la fase de latencia, para la distensión en la fase de escalada, para el desbloqueo en la fase de bloqueo, y para la reparación y reconciliación en la fase de reconstrucción.

El objetivo de esta propuesta es contribuir a la paz, ayudando a buscar el interés mutuo y la cooperación entre quienes están enfrentados; su principio es una interpelación ética en relación a las bases desde las que abordamos el conflicto; su punto de partida es la revisión personal y hacia adentro de la mirada y de la acogida que cada parte hace del problema; y finalmente, su desarrollo implica una elaboración personal hacia afuera, un importante esfuerzo de distensión, diálogo, escucha y empatía.Todo esto es la elaboración ética de conflictos.

En resumen, en el Centro por la paz de Arantzazu, queremos subrayar que en un conflicto lo fundamental ocurre dentro de nosotros mismos, y eso que ocurre ahí dentro, si sabemos abordarlo y aprovecharlo, se convierte en una oportunidad única para crecer, mejorar, vivir más felices y para ser más humanos o simplemente humanos. Y no sólo para eso, también para arreglar las contiendas y mejorar decisivamente la convivencia ya sea en la distancia más corta y familiar o en la distancia más larga, pública o política. Ahora bien, eso que ocurre dentro de nosotros reclama una elaboración ética, un trabajo hacia adentro y hacia afuera que es serio, costoso, contradictorio, limitado e imperfecto.