17 DEC 2009 |
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Os dejo la aportación de Baketik en la mesa redonda de la presentación del manual de buenas prácticas en la atención a PERSONAS INMIGRANTES en Euskadi elaborado por EAPN Euskadi y en el que Baketik ha tomado parte en el grupo de trabajo de prácticas que tienen en cuenta el factor religioso. Lo religioso como factor de exclusión en el plano de la convivencia1.- Problemas conceptuales Cultura y religión: Lo religioso, ¿pertenece únicamente a la esfera de lo privado, o es un ámbito propio también de lo público? Dicho de otro modo, el factor religioso pertenece al ámbito de la cultura? Lo religioso, ¿se manifiesta culturalmente? ¿Hay culturas religiosas? O al contrario, ¿lo religioso se circunscribe únicamente al campo de la vivencia religiosa, propio del ámbito de la subjetividad, y por lo tanto poco relevante o nada relevante, en teoría al menos, en el ámbito de lo público o cultural?... Cultura e identidad: ¿Se puede hablar de aspectos religiosos de nuestra identidad (personal/social)?, o, desde un perspectiva religiosa, ¿es lo religioso lo que confiere identidad? 2.- Problemas metodológicos ¿Qué método usar para identificar las buenas prácticas (que tienen en cuenta el factor religioso) de inclusión? a) Fijar primeramente unos criterios para, a partir de los cuales, poder seleccionar buenas prácticas, o b) entresacar primero buenas prácticas para desde ahí fijar criterios que ayuden a identificar x prácticas como buenas. 3.- Problemas prácticos Sin duda, el ámbito del objeto de estudio abarca un amplio espectro de prácticas, a veces difuso, que pone de manifiesto la imposibilidad práctica de abarcarlo por completo. Esta ignorancia se acentúa ante prácticas de todo tipo (que explícitamente no abordan lo religioso) que favorecen la integración social del diferente (y que implícitamente relativizan lo religioso como factor de exclusión social). Por otro lado, la constatación del hecho de que el espectro de prácticas que tienen en cuenta el factor religioso está formado por un abanico de iniciativas atomizadas y muchas veces inconexas dificulta el trabajo de recogida de datos. 4.- Prejuicios Por último, nos hemos tomado con conflictos de convivencia cuya razón, a veces demasiado fácilmente, se identifica en lo religioso. Ciertamente los tiempos de oración, el ramadán etc... obedecen a razones religiosas y tienen una incidencia directa en lo laboral. Sin embargo, las razones que esgrimen olvidan que nuestro calendario laboral está regido, en gran medida, por fiestas que son religiosas... Por otro lado, existe un profundo desconocimiento entre creyentes, no creyentes en Dios y entre personas que abrazan distintas confesiones. El creyente no entiende cómo una persona puede vivir sin creer en Dios; pero normalmente tampoco se interesa por intentar conocer su idioma existencial. La persona no religiosa percibe el fenómeno religioso como algo extraño e incomprensible, incluso pueril. Unos y otros se suelen mirar como quien mira a alguien que está en un nivel inferior de desarrollo intelectual, espiritual o de conciencia. 5.- Consecuencias Por todas estas razones hemos estructurado este trabajo de “inventario” de buenas prácticas, diferenciando ámbitos y dimensiones de actuación, y hemos efectuado también un diagnóstico que se podría resumir en tres puntos: Primero: el desconocimiento y la ignorancia hacia el diferente producen miedo y son el peor enemigo de la convivencia. Por tanto, el conocimiento es criterio indispensable del proceso de acercamiento entre identidades diferentes. En la práctica, cualquier iniciativa tendente a favorecer la experiencia de un conocimiento mutuo directo, personal e individualizado estará contribuyendo al entendimiento interreligioso. Por el contrario, el atrincheramiento en juicios, calificaciones o etiquetados colectivos que tratan de eludir el encuentro y conocimiento con la dignidad humana y la historia personal del diferente estará contribuyendo a alimentar el conflicto y una convivencia injusta. Segundo: el desconocimiento y la ignorancia hacen que la imagen de semejante vaya perdiendo fuerza, se acentúan las diferencias y etiquetamos y juzgamos. La etiqueta oculta a la persona. Una nueva imagen de ellos dominada por ese juicio concentrará nuestra forma de verles. Todo lo que hagan o digan será filtrado a través de ese cliché. La etiqueta nos impedirá ver a la persona y abre un proceso que tiene diferentes niveles de desarrollo: desde ignorarles, hasta odiarles o verles como enemigos. La convivencia queda atrapada en agravios, envidias, ofensas, mentiras, competencias, resentimientos, victimismos, rencores... Tendemos a sentirnos cómodos con los que son como nosotros. Nos imaginamos una convivencia hecha a la medida de los que se parecen a los nosotros. Nos cuesta comprender a los “otros”, les situamos fuera de los que sería “normal” y tendemos a excluir a ese “resto” de la sociedad. Una sociedad que incluye vivirá conflictos constructivos. Una sociedad que excluye alimentará conflictos destructivos. Para crecer como sociedad, necesitamos relaciones fructíferas. Debemos percibir la dignidad humana de las personas con quienes nos relacionamos. Una dignidad humana que está antes de la etiqueta que hacemos de la persona. Necesitamos experimentar, antes de lo que nos separa, el sentido de respeto hacia el diferente. Tercero: La búsqueda de puntos de encuentro se enfrenta siempre al riesgo de apostar por el consenso anulando la identidad. No hay encuentro de la pluralidad si no se respetan las respectivas singularidades. Hay quienes defienden que el consenso tiene que centrarse en un mínimo común y ser compatible con las diferentes identidades religiosas, defendiendo además la importancia de que éstas sean fuertes y sólidas. Y hay quienes se identifican con nuevas formas de religiosidad que orientan el consenso hacia la concepción de una transrreligiosidad de carácter universal. Aunque todos defendamos el pluralismo, tal vez por la falta de experiencia en diálogos plurales, nos cuesta en la práctica aplicar la diferencia que existe entre convencer y compartir. A menudo, practicamos el diálogo como un ejercicio no para encontrar lo que nos une aceptando nuestras perspectivas diversas, sino para convencer a los otros de nuestra forma de ver las cosas. Nos cuesta renunciar a convencer, en el fondo seguimos pensando que tenemos la razón o la verdad de nuestro lado. Nos intranquiliza observar que otros ven y viven la vida de una manera diferente a la nuestra. 6.- Una propuesta: Cuatro aprendizajes básicos Desde Baketik creemos que la pedagogía de los cuatro aprendizajes se pueden profundiza en el trabajo de crear condiciones que posibiliten el diálogo entre diferentes, respetando la identidad. Entendemos que el aprendizaje de la limitación de la condición humana, el aprendizaje del sentido del agradecimiento, el aprendizaje de la escucha de la conciencia y el aprendizaje de la dignidad humana pueden contribuir a un diálogo que trata de encontrar lo que nos une aceptando nuestras perspectivas diversas. Creemos que estos cuatro aprendizajes (basados en cuatro características comunes a todos los seres humanos: nuestra limitación, nuestra trascendencia, nuestra conciencia y nuestra dignidad humana) pueden crear condiciones para lograr una sociedad más inclusiva. Si quiere ver al diferente como semejante y quiero sentir un respeto básico hacia él. tengo que recordar mi limitación. Desde mi realidad puedo encontrarme con la de ése que es diferente. Si me veo autosuficiente y satisfecho, tendré problemas para entender la necesidad de integración del diferente. El punto de partida es el aprendizaje de la limitación. Mi realidad insuficiente, me permite ponerme en el lugar de los otros y entender que no soy mejor que ellos. ¿Cómo combatir el dogmatismo si no se profundiza en la conciencia de la limitación? Si quiero respetarle necesito ver y reconocer lo positivo que atesora. El, igual que yo, es receptor y portador de bienes que superan cualquier juicio o etiqueta. Mediante el aprendizaje del agradecimiento puedo entender que la vida no es completa sin los otros, y hay algo mejor que lo que ahora tengo: una convivencia más inclusiva, humana y compartida. ¿Cómo lograr una vida razonablemente feliz sin capacidad de valorar lo bueno y positivo que me rodea? La escucha de la conciencia orientará mi relación con el diferente. La diferencia me obliga a buscar la respuesta a los desafíos de la convivencia y para ello necesito escucharme a mí mismo/a. Escuchar a la conciencia para revisar mi tendencia a excluir a los otro/as. Somos libres y responsables. Estamos solos ante nuestra conciencia. ¿Cómo actuar éticamente si no nos escuchamos honestamente? ¿Cómo luchar contra el racismo, la discriminación, la desigualdad o la exclusión sin una profunda conciencia y experiencia en la dignidad humana de todas las personas? |